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Carmen Domingo, Ediciones B, Editorial Pamiela, Ernesto Carratalá, Ezkaba, Félix Hoyos, Fuerte San Cristóbal, Inaki Alforja, La Fuga, La Llave Allen, Memoria Histórica, Pamplona
Hay mucho que aprender, rescatar del olvido, hay cómo y hay porqué. Rosendo, compositor y cantante de rock.
Reproches más comunes a la corriente de actuación a favor de la Memoria Histórica. Un, dos tres responda otra vez: que se trata de un pensamiento anclado en el ayer, que este tipo de reivindicaciones nos lastran, remueven aguas pantanosas, hurgan heridas… Nunca lo puede ver de esa manera. Para mí no es regresar al ayer, en absoluto. Se trata de traer el ayer al hoy a fin de repararlo en lo posible y desde esa nueva robustez construir el presente común. En lenguaje actual diríamos que los enlaces rotos con nuestro pasado deben restablecerse de forma correcta. Y no al capricho de las ideologías dominantes sinó con voluntad científica, con el estudio de datos concretos. Estando este punto claro, promuévanse cuantos debates se deseen. Pero menos de eso no debiera ser negociable. No debiera ser negociable pero, admitámoslo ya y nos ahorraremos muchas energías que necesitamos para otras cosas, en la Transición Española lo fue.
La obra que presenta en estos días la escritora Carmen Domingo, La Fuga (Ediciones B, 2011), sirve a las dos causas, la del estudio y la del debate, a partes iguales. Por un lado se trata de una novelización de un hecho histórico documentado, que la autora ha retroalimentado con sus propias investigaciones preliminares. Por el otro, pone sobre la mesa una incógnita interesante. ¿Qué tipo de desmemoria histórica nos asiste desde los primeros tiempos de la actual democracia hasta nuestros días para que, no sólo la fuga, sinó el confinamiento infrahumano de cientos de presos en el castillo convertido en penal de San Cristóbal no haya sido objeto de atención por casi nadie? Escuché a Carmen decir una frase que al pronto me pareció poco amable, pero que al repensarse se viste de razón: “Salvo si alguien me explica que toda la gente de derechas de este país tiene a un asesino en su familia, que igual sí, no se explica que haya esa necesidad de ocultarlo todo.”
Tiene historias nuestro pasado, con protagonistas de cierta dimensión pública, a las que no se ha podido dar eternamente carpetazo. Pero ¿qué hay de los anónimos? A estos se les oculta sin problema y el Monte Ezkaba era un buen lugar para enterrar personas primero y recuerdos molestos después. En el monte se halla el fuerte de San Cristobal cuya construcción comenzó en 1878 y acabó en 1919. En tiempos fue uno de los más modernos de Europa, preparado para albergar a más de mil soldados durante largas temporadas. El Ejército compró un manantial situado en Berriozar con el que se abastecía la construcción que contaba con enormes depósitos de agua en su interior. Este detalle junto con la orografía del terreno lo convirtieron en una pesadilla de piedra y humedad cuando en 1934 se convirtió en penal y, tras la guerra, en cárcel política. En este escenario, clara localización de película, transcurre la historia de La Fuga centrada en la situación infrahumana que abocó a una acción límite de fuga a setecientos noventa y cinco presos, en la que más de doscientos perdieron la vida y en la que sólo tres llegaron a alcanzar la libertad.
Pasan los años pero para Navarra deben pasar más lentamente porque, a pesar de que existió una partida presupuestaria destinada a convertir este emplazamiento en un museo, hoy dicho museo no existe. En junio de 2007 el espacio se recuperó el espacio para las visitas ciudadanas pero cuentan (yo no puedo asegurarlo pero existen testimonios de hemeroteca) que el tiempo destinado a explicar los hechos relacionados con los encarcelamientos y la fuga no excedía el minuto. La desmemoria no alcanzaba a los centenares de amigos y familiares de los antiguos presos que, periódicamente, aún se acercan a las rejas del recinto para rendir homenaje a sus gentes. En ese sentido trabajó el director del libro-documental «Ezkaba: La gran fuga de las cárceles franquistas» (Félix Hoyos e Inaki Alforja, Ganbara, 2006), Iñaki Alforja quien denuncia, entre otras cosas, como parte del presupuesto se ha destinado a hacer desaparecer las zonas más terribles de la fortificación. No es esta una opinión aislada: hace tiempo que historiadores y medios de comunicación se han hecho eco de la situación como puede leerse en este artículo del Diario Noticias. Además del documental, y como complemento a la novela de Carmen Domingo, es de imprescindible lectura el libro de Ernesto Carratalá, uno de los supervivientes, Memorias de un piojo republicano (Pamiela, 2007).
Mucho éxito al libro de Carmen Domingo, y ojalá valga para reparar enlaces rotos con el pasado. Es una cuestión de voluntad y lograrlo nos permitiría, insisto, centrar las energías en otros asuntos mucho más inmediatos pero nunca más importantes. Porque es importante alcanzar un estado de cosas en el que se denuncie por igual todo atropello de los derechos humanos; en el que no se permita que mientras, en agosto de 2009, se condenaban actos de kale borroka en las calles de Bilbao, se dejase de informar, como se dejó de hacerlo, que el monumento de homenaje a la fuga del Fuerte de San Cristóbal y a los caídos por la libertad y la República, apareciera destrozado y con pintadas de simbología de Falange y multitud de banderas de España. ¿Quién está anclado en el pasado?

