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Ni todos los políticos son corruptos, ni todos los indignados son violentos. Me gustaría empezar acordando este aserto mínimo para poder decir que mientras que, mansamente, hace tiempo nosotros soportamos que se nos repita, una y otra vez, la primera cantinela, nuestros gobernantes han demostrado tener muy poca paciencia para aceptar la segunda.
Tras los disturbios de esta mañana ante el Parlament de Catalunya, el recién electo President de la Generalitat, Artur Mas, ha querido aleccionarnos sobre la diferencia entre indignación e indignidad. No tenía que haberse molestado. Gracias, pero nos sobran ejemplos de indignidad a través de las mil injusticias que están siendo indebidamente pasadas por alto cada día por los gobernantes entre los que, tras mucho insistir y sinceramente espero que para bien, usted se cuenta. Y ahora que un buen número de ciudadanos, hartos de que ser invisibles e incluidos una sola vez cada cuatro años en el devenir político de nuestra sociedad, queremos hacernos escuchar no somos del agrado de sus señorías. Le aseguro que tampoco es de mi agrado el comportamiento de algunos de los manifestantes. Pero como usted sabe no todos los políticos son corruptos, ni todos los indignados violentos. Solo unos cuantos. Usted no parece dispuesto a tolerar que “nuestros unos cuantos violentos” traspasen la línea roja. Bien, diga dónde ponen ustedes esa línea y haremos lo imposible para que no sea traspasada. Pero ¿por qué no nos permite a nosotros decir, alto y claro, dónde ponemos la línea roja para que no la traspasen “sus unos cuantos corruptos”? Se lo explico. Esa línea roja está en cada céntimo de euro dedicado al lucro PRIVADO, propio y de terceros que puedan sostenerlos en sus cargos. Está en cada plaza de escuela, de hospital, de universidad, de geriátrico, de zona verde, de biblioteca, de polideportivo, de guardería, de servicios y equipamientos PÚBLICOS que dejan de crearse para los ciudadanos y cuyo importe se destina a nuevas comisiones, representaciones, rescates financieros, recalificaciones, falsas auditorías, adjudicaciones y subvenciones fraudulentas.
Que si perro flautas, que si hippyes trasnochados, que si fumetas, que si vagos y maleantes, …. Esa cortina de humo no les llega ni a visillo señor Mas. El hecho indiscutible es que les ha sorprendido, desbordado y parece que molestado que fuéramos tantos y tan “normales” los que hayamos dicho “basta ya” y “no en mi nombre”. Les estamos diciendo que estamos cansados de tantos años de juego democrático tras los que, tristemente, hemos comprendido que la pelota éramos nosotros. Les estamos diciendo que no sigan por el camino del recorte y la presión para los más débiles, que esto va a estallar. ¿Porque no quieren escuchar o miran para otro lado fingiendo que les estamos gritando a los del otro partido? Todos ustedes son ya el mismo, único e inútil otro partido. Sabe que entre los indignados hay incluso, oh pasmo y sorpresa, gente que les ha votado, que no renuncia a sus deberes pero que no comprende como se puede hacer una mofa tan descarada y continua a sus derechos.
A raíz de los hechos de hoy, ha sido realmente divertido escuchar a Alicia Sánchez-Camacho decir que hoy era el día más triste de su carrera política. Para todos tendría que haberlo sido pero no por los disturbios en si, como ella quería dar a entender, sinó por lo que los ha motivado. Yo siento vergüenza por algunas actitudes extralimitadas de los manifestantes, ¿no son ustedes capaces de sentirla ante un reproche tan gigantesco a su labor? También ha sido curioso oír decir a la diputada Montserrat Tura, con su gabardina lamentablemente estropeada por una pintada de spray, que había obtenido esa respuesta cuando se ha acercado a hablar con los manifestantes. Mal momento ha elegido, sra. Tura; usted no comprende que para muchos ese repentido interés por cambiar impresiones llega tarde. No me haga explicárselo, pero ese gesto de llegar al Parlamento en helicóptero tiene algo de simbólico en su escenificación de “políticos pasando por encima de los manifestantes” o “sobrevolando los problemas que acontecen en la rue”. Casi una viñeta.
Cuando la mañana del pasado día 27, presencié la desorbitada actuación de nuestra policía democrática ya se evidenció que el motivo del desalojo de la acampada de la Plaza Catalunya sonaba tan falso y tan hueco como la cabeza de quien dio las ordenes. Y eso, además de las escenas en si mismas, me llenó de tristeza porque quería decir que alguien no estaba escuchando la protesta que surgía del centro de la plaza (democracia real ya, por ejemplo) y prefería (o le convenía más) entretenerse con la anécdota de sus alrededores (uy, la Plaza no estará reluciente para poder celebrar la Champions, por ejemplo).
Acabaré citando al autor al que le debemos nuestra etiqueta actual de indignados. Hessel asegura, y haríamos bien en escuchar a este último superviviente de quienes redactaron la Declaración de los Derechos Humanos, que no sirve de nada enfadarse sin más, que la indignación debe ir seguida de compromiso. Usted y la clase política a la que pertenecen deben estar indignados con los indignados. Cansados, no insistiré más pero comparativamente se cansan ustedes muy pronto y eso que les pagamos por representarnos, de tanta manifestación. Algunos miembros activos del movimiento, al ser preguntados por el destino del mismo, hablan de darle continuidad a través de compromisos concretos, en pequeñas asambleas, comisiones, reuniones de barrio. Tal vez se rían de nosotros, desde su perspectiva de políticos profesionales de salón, cartera de piel y corbata. Tal vez no y todo esto les mueva a pensar en soluciones y alternativas. Si están ustedes indignados con la situación hagan caso del consejo de Hessel: comprométanse. Y si puede ser esta vez háganlo un poco más con la gente y los bancos de la calle y un poco menos con los otros Bancos.

