Graciosa

Etiquetas

Para amigos y conocidos es sabido que soy muy muy muy fan de la actriz Gracia Morales (1928-1995).

Se inició en el teatro por tradición familiar y, al pasar al cine, su vis cómica le dio mucha fama pero la encasilló en el papel de chacha graciosa. Trabajó muchísimo compaginando tablas y celuloide. Pocos saben que trabajó tanto que se le rompieron los nervios, se resintió su vida privada y comenzó a medicarse ganándose de inmediato el sambenito de difícil. Cuando llegaron los años del destape, la misma fama que empezó poniendo en diminutivo su nombre también volvió diminuto su futuro profesional. Ella era el paradigma de la feílla con voz de pito y gracejo popular.

Pero Gracia Morales fue una actriz magnífica, con muchos recursos para el drama, que soñaba con que apareciera un papel para ella en un film del estilo de Las noches de Cabiria como confesó en un programa al ser entrevistada por José María Íñigo. A esta Giulietta Masina le faltó un Fellini. Y le faltó también el reconocimiento, el respeto por parte de la profesión que se olvidó de Gracita en sus últimos días transcurridos entre amarguras, soledades y demasiadas pastillas. Explicaba la actriz, en otra entrevista con Mercedes Milá, que por lo menos siempre contó con la amistad y la ayuda de Concha Velasco con quien protagonizó tantas historias como, por ejemplo, Las que tienen que servir.

A mí me encantaba su voz, su extraña candidez y esa alegría un poco triste tan característica se las que tienen que hacer reír.