Vagabundear, siempre.

Hoy hace una semana que asistí a la presentación en Barcelona de “Mediterráneo. Serrat en la encrucijada” de Luis García Gil. Un libro alrededor de uno de los trabajos discográficos más conocidos del cantautor catalán Joan Manuel Serrat. Al acto asistió el mismísimo Serrat para regocijo y emoción de los participantes. Disfruté viendo a mis amigos Marta Boldú y José María Micó, como dúo Marta y Micó, interpretando una canción del celebrado disco. Otros artistas amigos hicieron lo propio:Giancarlo Arena, Carlos Montfort, Sandra Rehder, Gustavo “El Negro” Battaglia, Joan Isaac, el mestre Francesc Borrull, Sílvia Comes. Acompañado de la periodista Núria Martorell, el cronista Fermi Puig y el psicoanalista Francesc Sáinz, Luis pudo agradecer, citar, explicar, … acercarnos un poco más a la obra y al artista. Acabó el evento con unas palabras del “noi del Poble Sec”, un Joan Manel Serrat en plena forma, directo y cercano. Tras comentar el pequeño homenaje presenciado pretextó un compromiso e hizo un elegante mutis evitando decenas de selfis y propiciando que nos centrásemos en García Gil, que para eso se había tomado la molestia de escribir un libro y venir desde Cádiz a presentarlo.

Yo disfruté el momento junto a mi amiga Lour Gir, a Carles Gracia Escarp, organizador del encuentro, y a Xavier Pintanel, siempre comprometido con la canción…, me sentí muy satisfecha de haber estado allí, en la acogedora ALIBRI LLIBRERIA, y creí que a otra cosa mariposa. Pero no. Durante la semana, “Mediterráneo” se me ha impuesto en modo banda sonora y me ha llevado a dar una vuelta por mis recuerdos. Ha sucedido, creo, no solo por la lectura del libro, excelente, documentado, ameno, riguroso de Luis. Libro necesario, diré, que es lo mejor que puedo decir de un libro. Pero en verdad, han sido ellas, aquellas pequeñas cosas las que se han apoderado de mi cabeza, zumbando durante siete días.

Mientras recuperaba, en casa de mis padres, el maravilloso Lp con la foto de Colita en la portada, una charla con mi madre me recordó cuándo comenzamos a escuchar a Serrat en casa. Yo era muy pequeña, vivía con mis padres en la portería de un señorial edificio de la calle Aribau de Barcelona. Era una pequeñaja popular, medio tímida medio payaseta, que le caía en gracia a los vecinos y a los “botiguers” de las tiendas cercanas. Recuerdo a la señora María y la señora Paquita, dueñas de una droguería, que enloquecían hablando de Serrat a todas horas. El recuerdo es muy vivo, aunque para los nombres mi madre ha hecho de apuntador. Sin embargo recuerdo bien a Inge, la vecinita del quinto, que me invitaba a su casa donde tenían tocadiscos, mueble bar y criadas. Allí escuchamos a Joan Manuel y a otros melenudos extranjeros.

Luego me fui a vivir a Santa Coloma de Gramanet donde se me espabiló la timidez y se me acharnegó el gusto, muy a gusto, a base de flamencuras, copleces y rumbismos. Nunca tuvimos criadas pero sí tocadiscos, mueble bar y profesora de música que me introdujo en los grandes clásicos sin alejarme ni de Serrat, ni de Llach, ni Raimon y, mucho menos, de Montllor…

Yo estudiaba, quedaba con los amigos para escuchar discos, pero sobre todo cantaba, cantaba como una posesa. Mis padres tenían que apagar el tocadiscos porque se hacía de noche y no consentían que molestase a los vecinos. Pero, los domingos por la tarde, eran los primeros en pedirme que les cantara “La tieta”, “Pueblo blanco”, “Cançó de matinada” y “Conillet de vellut”. Mis hits.

Y así se me fue amueblando la cabeza, hasta llegar a la Universidad donde la música ya me salía por las orejas. Aquello ya fue orgía sonora. Yo siempre igual, dándole al play del casi todo. Y Serrat seguía ahí. Poniendo la poesía en solfa. Filosofía y Letras de la Autónoma. Clases de Historia del Arte. Clases de Ética. Una se pirraba por la trascendencia y sus derivados, perseguía lo inefable, soñaba con encontrar deslumbrantes formas de expresar la vida o el arte o el Todo. Pero a lo más que llegaba era a matrícula, nada desdeñable porque significaba beca para la hija de un metalúrgico y una ex-portera, a cambiar la Olivetti Lettera 35 por un ordenador y a conseguir dar unas cuantas clases para… comprar el próximo disco de Serrat. Porque él sí que trascendía con sus temas, él te lo cantaba claro y sencillo emocionando desde la señora Paquita al más estirado catedrático. Fue allí, por los pasillos de la Facultad, por donde aparecieron Marta y Micó que, por aquel entonces, aún no eran dúo musical pero sí pareja jugando al dos de corazones. Y hasta la fecha, pero esa es otra estupenda historia.

La de hoy es la peripecia de un círculo que parece que se cierra pero solo se retuerce para hablarnos de infinito en nuestras finitas vidas, del propio camino cruzando y descruzando el camino de todos. Ni por un momento me he cansado de vagabundear esos parajes, menos aún cuando en un recodo del camino se acostumbraron mis ojos a otro cantor, por ende embustero, con alma de marinero. Oigamos a don Josele Sangüesa,Engüele Uojsasa, versionando místicamente “Vagabundear” de Joan Manuel Serrat, Sitio Oficial. Va por todos ustedes y, en especial por vosotros, Marta y Micó.

 

Unos días en la casa de la Toscana del Gran místico del vídeo arte Web-Ohm. …él ha entendido mi música y me ha dado sabios consejos.