Fragmentos. Sobre Walter Benjamin y los cuentos de hadas

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«Y si no han muerto, viven hoy todavía», dice el cuento de hadas.

 

Hace diez años paseaba por Madrid. Entré en el Círculo de Bellas Artes que, en aquellas fechas, dedicaba una exposición al historiador de la cultura Walter Benjamin. Sentada en los seis sillones que habían instalado para cada una de sus partes, vi esta pieza audiovisual: Constelaciones. Disfruté su montaje fragmentario, como la obra de Benjamin, como mi propia manera de abordar los temas que me interesan. Hoy lo vuelvo a ver: todo sigue roto y unido por el mismo hilo rojo infinito. Los mismos temores, las dudas aún mayores, el imán del caos ejerciendo su poder, los pensamientos nómadas… Han pasado diez años, las manos en los bolsillos tocan arena, un pañuelo y un pedacito de papel… un billete de tren, tal vez la mitad de una entrada. Todo como entonces con dos, como mucho tres, gramos más de serenidad desesperada.

Constelaciones. Pieza audiovisual.

 

Benjamin con su obra fragmentaria, su nomadismo, su discontinuidad. El azar que lo lleva a morir en Portbou. Un destino incierto, la promesa de cierta tranquilidad para su corazón tan débil, perseguido casi sin aliento. En la frontera no hay lugar para la épica.

El ojo suplanta la mano

Regresar a Benjamin es una necesidad hoy. Para mi, que casi lo he olvidado todo perdida en la difícil tarea de no perderme, lo es. Necesidad de reflexionar sobre el valor de la revolución desde el pensamiento de este hombre que comprendió la historia y la sociedad de su tiempo como pocos.

Comprender la ciudad, comprender el arte y su relación con el ocio y con los modos de consumo de la masa. La tecnología como la capacidad de ocultar el proceso de producción. El proceso de producción como eje central de todo acontecimiento. Comprender que el ojo suplanta la función de la mano en la era de la reproductibilidad técnica.

Comprender que una de las tragedias del hombre moderno no es haber perdido el contacto con la naturaleza, es haber pedido el contacto con los narradores.

“Cada mañana nos instruye sobre las novedades del orbe. A pesar de ello
somos pobres en historias memorables. Esto se debe a que ya no nos
alcanza acontecimiento alguno que no esté cargado de explicaciones.
Con otras palabras: casi nada de lo que acontece beneficia a la
narración, y casi todo a la información. Es que la mitad del arte de narrar
radica precisamente, en referir una historia libre de
explicaciones.” Walter Benjamin, El narrador (1936)
Traducción de Roberto Blatt
Editorial Taurus, Madrid, 1991.

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