FALSESTUFF O LA VERDAD FALSIFICADA

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Tenemos arte para no morir de la verdad.
Friedrich Nietzsche

Que vayas al teatro a ver una obra de más de tres horas y que se te haga corta es un detallito a tener en cuenta la hora de hablar sobre ella. Mi interés en Falsestuff. La muerte de las musas, he de confesar, era muy personal. En ella actúa Stanley Ted Edwards, que es lo mismo que decir que actúa Jango Edwards, el célebre clown de Detroit que para nuestra suerte vive y trabaja en Barcelona desde hace años. Pareja sentimental y artística de mi amiga, la también clown Cristi “Garbo” García, no es un actor que se prodigue en los escenarios “convencionales”. La apuesta que los artífices de la obra, Nao Albet y Marcel Borràs, hicieron con él para que interpretase al inquietante mecenas Boris Kaczynski es uno de los muchos gestos transgresores de la obra. Así que ir a ver a Jango en esta tesitura poco habitual me interesaba por encima de cualquier otro motivo y eso que la temática de la obra, originalidad y fraude en el arte, me interesa sobremanera.
Falsestuff

Tal vez por eso mismo lo tengo fácil/difícil para hablar de Falsestuff porque…

  1. Jango está soberbio en su papel (pasión de seguidora, sí, pero pasión justificada por un trabajo duro y atípico)
  2. No puedo resumir la obra. Porque NO es una obra. Son muchas.

Es una novela negra, es una de vaqueros, es arte y ensayo, es un musical, es una parodia, es una performance plástica, es danza contemporánea, es una conferencia, es un video-juego, es un coloquio,… es que cualquier intento de explicar lo que es excede los límites de este humilde post.  Lo que sí puedo asegurar es que la obra es una propuesta que se boicotea a sí misma y boicotea nuestros presupuestos como espectadores porque es 100% teatro falsificado. Sí, como lo leen. Un fraude sobre escena, una imitación de una obra de teatro. Nada es lo que parece para que todo se libere de su apariencia y cada uno agarre la realidad por un pie, por los pelos, por donde pueda, por donde se deje…

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Borràs y Albet, Albet y Borràs. Qué locura de dueto creativo. Qué atrevimiento tomar la dirección de un elenco de artistas internacionales con perfiles que van desde la danza al clown. A saber, además del mencionado Jango Edwards, la actriz lituana Diana Sakalauskaité, el músico y cofundador de la compañia  belga Kuiperskaai, Victor Lauwers, el actor francés Naby Dakhli, el artista performativo Thomas Kasebacher, la bailarina Sau-Ching Wong y talentosa actriz Laura Weissmahr.

Todos defienden la obra, en su complicación y su desmesura, con solvencia y con una naturalidad sorprendente porque la verdad es que la envergadura de la nave podría desestabilizar al más ducho artista teatral. Es mucha materia la que se maneja durante muchos minutos. Considerar el recorte de algunas escenas es casi ineludible pero cuidado porque de cada corte puede nacer un nuevo motivo, como sucede con la cola de las lagartijas. Y es que Nao y Marcel nos ofrecen una especie de DVD teatral con comentarios del director y escenas eliminadas. Hay quien no quiere mirarlos y hay quien no compra el DVD sin esos extras.

Mis felicitaciones a estos dos auténticos animales escénicos que en esta historia, como autores, son además auténticos falsificadores, válgame tanto el cielo como la contradicción, teatrales. Pero no me dejéis decir más juegos de palabras que a nada conducen más que a dar rienda suelta al entusiasmo que me provoca Falsestuff e id a ver la obra que permanecerá en cartel de TNC (a no se que nos hayan engañado) hasta el 15 de julio.

Solo informaros para lo que pueda valer que, ya muy obsesionada con estos recovecos de la producción artística, esta obra me ha despertado un apetito mayor y me voy directa a visionar Fraude (F for Fake, 1973) de Orson Welles, Oja Kodar y François Reichenbach sobre la figura del falsificador Elmyr de Hory y su biógrafo, Clifford Irving.

Dicen que estamos en la época de la copia y de las apariencias. Y que eso es malo. Yo qué sé. Que venga Shakespeare y que lo vea.

 

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