Artist Xavi Millan

Obra de Xavi Millán

 

Un gusto estar, gracias al siempre atento Pere Vall, en el pre-estreno en Cataluña de Obabakoak de Calixto Bieito, obra basada en la novela de Bernardo Atxaga que fue Premio Nacional de Narrativa de las Letras Españolas de 1989. En 2006 también se convirtió en película dirigida por Montxo Armendáriz. Traducida a más de veinte idiomas, su reconocimiento internacional y su peso literario la han llevado también al teatro. En el Teatre Lliure se asistió a una verdadera explosión de historias de vida y muerte, de deseo y miedo, de tumbas y cunas en la que era imposible no encontrar un punto de identificación. Nada humano nos es ajeno, menos aún en el universo Obaba.

 “Pero, como estaba diciendo, el abuelo solía llevar la cinta métrica, y era para medir el crecimiento de las plantas, y un día medíamos la alfalfa y otro día medíamos el trébol, y como el abuelo es muy viejo pues era yo la que se arrodillaba y ponía el cero de la cinta justo a ras de tierra, y entonces el abuelo hacía sus cálculos, y decía:
—Podemos estar tranquilos, Marie. Esta planta ha crecido siete milímetros desde ayer. El mundo sigue vivo”. 

El enorme mérito, y al mismo tiempo el posible defecto, de esta adaptación es el de haber teatralizado, con eficaz  plasticidad escénica y un trabajo de actores titánico, el ingente caudal de ideas y emociones de Obabakoak. La obra se presenta en euskera, espléndida y no muy habitual ocasión de disfrutar de la sonoridad de esta lengua. Ello, junto a su densidad y duración exige mucho del público, no nos vamos a engañar. Pero el público exigente saldrá ampliamente satisfecho, el resto encontrará motivo de asombro y reflexión. Todos habrán de aplaudir el nivel dramático del teatro español cuando se le atiende y se le apoya en sus apuestas, por arriesgadas que sean. El sello Bieito sigue siendo un valor seguro.

“—Siempre es verano en la isla de las tortugas —dijo Klaus con la misma
sonrisa cómplice que en aquellos momentos le mostraba la empleada.
—¿Cómo has podido decir eso, Klaus? —escuchó entonces. El tono de
Alexander era seco, de reproche.
La sonrisa de Klaus desapareció de su rostro. La frase de las tortugas —el
eslogan de una agencia de viajes— podía verse, en letras muy grandes y
sobre un fondo de palmeras, en casi todas las vallas publicitarias de la
ciudad. Por culpa de su ocurrencia, la empleada poseía ahora una información
que podía ser peligrosa para su Nueva Etapa.
—No has sido prudente, Klaus. Esta mujer se acordará de la respuesta que le
has dado. Esperemos que esa información no llegue a ciertos oídos — le susurró Alexander.
Tenía razón su hermano pequeño. Quería vivir como un pez dormido, tranquilamente, dejándose llevar por la corriente; pero, aun dormidos, los peces aseguraban el buen fin de sus sueños manteniendo una parte de su cerebro alerta. Le convenía seguir su ejemplo. No debía olvidar que existían otros peces, insomnes, vigilantes, más poderosos que él; peces que olían la sangre y sabían seguir su rastro. Debía
cuidarse de ellos. Veinticuatro horas más y estaría a salvo. Hasta entonces
tenía que actuar con prudencia”.

Por mi parte, no puedo más que señalar, como una de las mayores virtudes de la obra de Atxaga, su capacidad de reflexionar sobre la literatura pero no desde la literatura misma, sino desde su impacto en la vida. Me perdonarán acabar con una cita muy larga de la novela que se incorpora en el texto dramático casi palabra a palabra (esta ha sido una de las premisas del director). Disculparán la cita larga pero no escatimemos porque sabido es: Ars longa, vita brevis.

“—Lo que quiero decir es que, dada la debilidad de vuestras teorías
literarias, no podía ser de otra manera. Porque lo que os ha pasado nada tiene
que ver con vuestro pretendido afán de llegar al fondo de los hechos, y
tampoco, mucho menos aún, con la gran imaginación que creéis tener. Con lo
único que tiene que ver es con vuestra errónea interpretación de la pequeña
historia de los lagartos. Strict and severe, my friend, hubiera dicho el señor Smith de haber estado allí.
—Explícate mejor, tío —insistimos.
—¡Está claro! Vosotros consideráis que la literatura es un juego, y que no tiene ninguna utilidad. Y opinando como opináis, no habéis sido capaces de desentrañar la clave que encerraba esa historia que os contaban vuestros padres. Porque, si nos fijamos bien, ¿cuál es la moraleja que transmite la historia? ¿Qué les dice a los niños? A los niños, a ver si os enteráis… pues viene a decirles que dormir sobre la hierba puede representar un grave peligro, y que deben tener mucho cuidado con ello. Si te quedas dormido, vendrá el lagarto y se te meterá por el oído, le dice la madre a su niño. ¿Pero qué es lo que le preocupa a la madre? ¿Cuál es el verdadero peligro? ¿El lagarto? ¡En absoluto! ¡De ninguna manera!
—¿Cuál puede ser, entonces? ¿La serpiente? —se le ocurrió a mi amigo.
—La serpiente es una posibilidad. Pero no sólo la serpiente. Puede ser la humedad del hierbal, o un perro rabioso, o un maníaco, cualquier cosa. Los peligros pueden ser muchos; tantos que la labor de enumerárselos uno a uno al niño resultaría absurda. Ésa es, precisamente, la razón de ser de la fábula del lagarto, pues resume, a modo de metáfora, todos los peligros posibles.
Tened en cuenta, además, que el lagarto viene a ser un dragón pequeño, y que son precisamente los dragones los animales que en los cuentos tradicionales simbolizan el mal. Luego todo cuadra en la fábula, tiene mucha lógica.
—Lo que no tiene tanta lógica, tío, es lo que has dicho antes, eso de que para nosotros la literatura es un juego. Pero será mejor que dejemos esa discusión para otro momento. Y volviendo al tema, tío, dime… ¿por qué el lagarto y no la serpiente? A mí me parece que la serpiente sería un protagonista más adecuado.
—¿Qué queréis? ¿Que os dé una lección de literatura? —nos preguntó mi tío con la más maliciosa de sus sonrisas.
—Ya estamos acostumbrados, tío. No te preocupes por nosotros —le respondí. Era habitual que las sesiones literarias de aquella casa acabaran con una vehemente alocución suya.
—Estaréis acostumbrados, pero no me hacéis ningún caso. Y tú menos que
nadie, sobrino. Como para ti sólo soy una antigualla del siglo diecinueve…”

obabakoak_cartell

 

Ficha artística:
Intérpretes Joseba Apaolaza / Ylenia Baglietto / Gurutze Beitia / Ainhoa Etxebarria / Miren Gaztañaga /Iñake Irastorza / Karmele Larrinaga / Itziar Lazkano / Koldo Olabarri / Lander Otaola / Eneko Sagardoy
Escenografía Susanne Gschwender / vestuario Sophia Schneider / iluminación Michael Bauer / vídeo Sarah Derendinger / arreglos musicales y vocales Carlos Imaz
Ayudantes de dirección Tim Jentzen y Lucía Astigarraga
Producción Teatro Arriaga Antzokia con la colaboración de BBK