¿Qué tal vuestra relación con las redes sociales? Claramente son ya hábitos y comportamientos sociales indesligables del siglo XXI. Ensalzadas, denostadas… como todo lo nuevo. Yo utilizo varias. Las utilizo mucho. No, no estoy enganchada (stop, please si vais a decir que la señal de que tengo el problema es que lo niego. No cuela.) Las utilizo en lo personal y en lo profesional. Admito sus peligros como admito que ir en coche te expone a un accidente o comer mucho chocolate a engordar pero renuncio a hacerlo.

Una de mis preferidas es Facebook. La uso para comunicarme y para informarme. A veces fisgoneo (poco porque me falta tiempo, no por falta de ganas) y seguramente me fisgonean (eso espero, sino qué poca gracia la mía). Pero sobre todo me mantiene bien servida de curiosidades e inspiraciones que, de otro modo, tardaría ocho vidas en recibir. Si el señor Mark Elliot Zuckerberg  se ha hecho multimegamillonario aprovechándose de que somos animales sociales y a ti no te parece bien pues no te abras un perfil. Así de sencillo. Aunque tenga 33 años, no le crucifiques y pon tú en marcha tus propios proyectos.

Me resulta imposible enumerar aquí todas las personas con las que sigo en contacto gracias a Facebook o las que cada día me traen un saludo o una noticia. Un ejemplo para entendernos y no os entretengo más. Os copio aquí mi post del 7 de diciembre a las 00:49. Me gustó ver un vídeo y me gustó lo que escribí sobre él. No porque sea vanidosa sino porque me reafirmó en que hay cosas en mi vida que no se mueven de donde están, pase lo que pase. Son cimientos, no era consciente de que lo eran cuando se estaban construyendo pero ahí están. Y por decirlo en palabras de Facebook: me gusta.

¿Existirían igual sin necesidad de este post, sin exponer el recuedo en Facebook? Por supuesto. Hace muchos años, cuando aún no existían las redes sociales y mi padre ya había fallecido, escribí varios mensajes que hablaban de él y de mí. Aprovechando mis viajes, los deposité cuidadosamente en lugares estratégicos del mundo. No importaba mucho quién los encontrase y leyese, era el sentimiento que me impulsaba a hacerlo el que tenía sentido. Pues con Facebook lo mismo. 

ESTE ES EL POST DE: EL HOGAR EMPAPELADO

Traigo, desde el siempre fértil muro de la amiga Gloria Jaramillo, este vídeo que ha encandilado mi ser rematadamente adicto a la celulosa y a la repetición.

También ha revivido los maravillosos momentos en que mi padre y una servidora, formando la más compenetrada y eficaz pareja de currantes, renovábamos las paredes del piso familiar a base de primorosos rollos de papel pintado y rodapiés a juego. Madre y esposa, la señora de la casa dirigía la operación yendo y viniendo de la cocina. Lograr encajar los dibujos de las tiras era un tripi de satisfacción, dominar el tiempo justo de encolado ya marcaba la maestría… y guardar para forrar libros aquellos trozos desparejos, que no habían ido a parar detrás de algún mueble, era reciclaje avant la lettre.

Pero había algo, mi placer secreto, que lo superaba todo y era, previo a la operación redecora tu vida: pasar horas y horas mirando en la tienda los enormes y pesados catálogos con las muestras del papel. Nosotros comprábamos en Papeles Lupeja, para mi el palacio del buen gusto. Hasta colecciones traídas de Alemania tenía, en aquellos tiempos. Ahí es nada. Ahora imaginad cómo odié la llegada del gotelé.

Dale aquí al play

Una mirada al pasado, asi se manufacturaba el papel tapiz en los 60's

Una mirada al pasado, así se manufacturaba el papel tapiz en los 60’s