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Sala Barcelona en el Castillo de Montjuïc en un concierto 100% pandémico

“Tener fiebre ahora, hace mucho tiempo que empezó”.

Pues sí, no hay mejor manera de expresarlo que con esta ritmosa frase. Aunque, claro, no nos referimos ni a la pasión, ni al baile, ni a la música sabrosa de la Lupe. Decimos que, mucho antes de la pandemia y sus desastrosas consecuencias para el mundo del espectáculo, en general, y la música, en particular, ya se estaba viviendo una situación de “alarma” por la precariedad creciente del sector. Digámoslo ahora en palabras del periodista decimonónico Mariano José de Larra, la quimera era y es: “¿quién es el público y dónde se le encuentra?”. A causa de fluctuaciones socio económicas (que no son el objeto de este escrito, pero se hallan en la génesis del estado de la cuestión) muchos profesionales de todos los sectores del show business han visto abrirse la tierra a sus pies y temblar la línea del horizonte.

Tras el tsunami de la industria discográfica y los nuevos modos de distribución de las obras audiovisuales, los artistas se hallaron en la tesitura de replantearse su modus operandi. El disco / cd parecía agonizar entre piratería y plataformas de venta online y las actuaciones en directo sufrían un cambio de tarificación muy significativo. Muchas voces comenzaban a denunciar una situación en la que la remuneración por “bolo” se veía amenazada por mil factores adversos: porcentajes bajísimos para el artista, público cada vez más acostumbrado a los dos por uno, las entradas con consumición, las actuaciones a cambio de la voluntad o, como se dice ahora eufemísticamente, las taquillas inversas: pague ud. lo que crea ud. que merece lo que acaba de ver ud. Es una lástima que esa práctica no la apliquen los restaurantes de 5 estrellas Michelin, los odontólogos o los abogados. Salvo excepciones más o menos honrosas, el artista debía admitir que el valor de su trabajo pudiera llegar a ser cero, free, gratis, por la cara. Por su parte, las salas aducían enormes gastos, alquileres abusivos, impuestos sangrantes, normativas demenciales de todo tipo… Y en plena llantina, rasgue de vestiduras y crujir de dientes de todos los actores implicados… llegó el terrible COVID.

Hasta aquí el escenario dantesco de (valga la redundancia) la escena musical urbanita. Ahora, tras, durante y ante los confinamientos y las restricciones sanitarias, cada cual ha tirado por el camino de en medio o por donde ha podido. Aunque algunos, por necesidad o por convicción, hayan tirado la toalla, la mayoría han tratado de (quise evitar la fastidiosa palabreja, pero ahí va) reinventarse. Os quiero explicar algunos casos de invención y reinvención que conozco de cerca porque han sucedido en Barcelona y por si (al término de esta pesadilla vírica) alguien se viene a mi ciudad a recuperar el tiempo perdido de la diversión.

Los casos que leeréis a continuación son, a mi juicio, excelentes muestras del proverbio “si Mahoma no va a la montaña, …”. Por supuesto son solo algunos y pido desde ya disculpas por todos los omitidos, pero creo que con estos pocos ejemplos os podréis hacer una idea de cómo los barceloneses han surfeado y siguen surfeando las olas de la crisis y de la pandemia. Se trata de no resignarse a los dictados más rigurosos del mercado o a las estrecheces logísticas a las que nos ha obligado el coronavirus.

Música en chupitos

Ante la pandemia y sus restricciones, Carmen Zapata, presidenta de la Asociación de Salas de Conciertos de Cataluña, tuvo una iniciativa rápida y luminosa. Creó Sala Barcelona utilizando el gran espacio del Castillo de Montjuïc para celebrar conciertos al aire libre con las medidas de seguridad necesarias. Las recaudaciones se destinaron en buena parte a ayudar a las castigadas salas de conciertos. Una pequeña bocana de aire en momentos agobiantes gracias a la cual 9.000 personas vieron las actuaciones de 55 grupos en las noches de julio y agosto de 2020. (En otro estilo de convocatoria, también los intrépidos del Jamboree, mítico establecimiento de la Plaza Real junto con Tarantos, con Joan Mas al frente, emprendió una serie de conciertos gratuitos al aire libre para aliviar la sequía musical).

Pero más allá de que por los temas de aforo se complicó su organización… ¿os gustan los conciertos multitudinarios en estadios deportivos, las mega discotecas o los grandes auditorios? Bien está. Igual no os agrada tanto el precio de las entradas para acceder a esos lugares o sencillamente preferís los encantos del petit comité. Entonces, oriundos o futuros visitantes de Barcelona, os encantará la New Fizz, la Cueva de Lobos, el Nota 77, el Medi… Todas ellas salas con un aforo entre 30 y 100 personas para disfrutar con tranquilidad de la actuación y estar a pocos metros de los artistas. Todos han tenido que bajar y subir sus persianas metálicas a golpe de decreto, desorientados, pero nunca desmotivados. Mil y una combinaciones horarias y programaciones casi improvisadas.

Los amigos de la New Fizz hicieron una apuesta firme por los cantautores que creció ampliándose a monólogos y a sesiones de micros abiertos con un éxito que iba ganado franjas de edad entre el público. Desde el Muerdo al Niño de la Hipoteca, desde tangos a bossa nova o canción de autor. Varias actuaciones cada día desde las 20h y hasta que el cuerpo aguante. ¿Y si los que no puedan aguantar son ellos? Oriol y su equipo capitaneado por Víctor se seguirán dejando la piel… si las circunstancias les dejan.

Actuación en el Jazzman

Un lugar casi emblemático por su veteranía y exquisitez musical es el minúsculo gran JazzMan, magistralmente atendido por David Toribio, donde trasegar copas y jazz con fundamento, y otras propuestas siempre con el sello de la casa: la calidad. Cualquier noche podemos encontrarnos con el mítico Pere Ferrer Trío con el maestro Ferrer, Paul Evans y Pep Rius. O con músicos de la categoría de Fede Aguado, Danny del Toro, David Mengual, Oriol Roca y un largo etcétera. Pero también han actuado en este pequeño gran local artistas pop, funk, rock, blues como Joan Vinyals, Josele Sangüesa o los Monkey Den.

Como un antro en la época de la ley seca, corrió meses atrás por Barcelona el secreto a voces de La Bacanal. El secreto de su ubicación solo se desvelaba tras la compra de la entrada (a muy módico precio) y en fechas cercanas al día del concierto exclusivo o inesperada función teatral. Hace tiempo que no sabemos de ellos, pero esperamos nuevas convocatorias con ansia.

Utopía 126 es un espacio multifuncional de ese viejo-nuevo barrio emergente de Barcelona, el Poblenou, que acoge los estupendos Utopía Markets Poesía, Utopía Markets Fotografía o Utopía Markets Gráfica. Todos han tenido ediciones exitosas, pero sorprende especialmente el caso de la poesía: la acogida de público y la diversidad de la oferta editorial acompañadas de obras audiovisuales y performances con los autores interactuando y dialogando con los lectores. El espacio se transforma para convertirse en mercadillo de arte o escenario para actuaciones de excepción como la que ofreció en la presentación de su último trabajo discográfico, Lorca Spanish Songs, Mariola Membrives y su banda.

Cartel de los Vermuts de La Belter

Otra ubicación maravillosa que ha aparecido como escenario ideal de conciertos y jaranas varias son las bodegas de Barcelona. Reconvertidas y resplandecientes las encontramos en los barrios más sabrosos como el Raval, el Poble Sec o el Clot. Son La Belter especializada en rumba y flamenco con los mejores dj pinchadiscos en sus sesiones de Vermut Watusi: Jorge Ragna, Xavier Urrejola Barracuda o Reyes Torío, (y en los últimos tiempos las actuaciones en directo de grandes como Papa Orbe) y  Cal Marino para degustar las mejores croquetas y cecina del mundo mundial mientras se tocan las palmas para Venancio y los Jóvenes de antaño o a Los Bisontes. Y una de mis preferidas, El Sidral de Núria Benet, la veterana “bodeguera” que además de buena conversación, vinos, gildas y anchoas nos puede introducir en una trastienda mágica idónea para mercadillos de libros y otros artefactos de lujo cultural, además de actuaciones selectas.

Si un establecimiento ha revolucionado el concepto de música en directo, vinos y tapas ha sido las Sagrades Taninnes, gran local a pie de calle ubicado en un pasaje próximo a Templo Expiatorio de la Sagrada Familia (me encanta llamarlo así porque realmente Barcelona tiene mucho que expirar no sé si vía religiosa o vía pagana). Antiguamente el local albergaba los bañospúblicos del barrio y ahora el baño que se dan los parroquianos de las Taninnes es de música y cerveza. Como por casualidad el público congregado los domingos a la “sagrada” hora del vermut se solaza con una actuación del gran Muchachito Bombo Inferno, de Willy Fuego, Lucas Masciano, de Wagner Pa, de Mane Ferret, de Dani Higiénico, de Tori Sparks o de Maruja Limón. (Información extra: El local madre de las Sagradas, se encuentra en el vecino municipio de Santa Coloma de Gramanet y responde al nombre Les Taninnes).

En la pandemia restringieron del cartel de actuaciones y el acceso a eventos con reserva previa bajo el epígrafe “A puerta cerrada” para no exceder el aforo permitido. Pero lo bueno es volver a ver el local tan lleno que, con frecuencia, el público acaba ocupando la calle y el parquecito adyacente.

Inasequible al desaliento y capitaneado por Pedro Barragán, en Barcelona tenemos lugares como El Dorado que, a Dios gracias, como decían antiguamente, se mantienen contra viento y marea. El Dorado Sociedad Flamenca Barcelonesa lleva en activo desde hace muchos años manteniéndose a través de las cuotas de sus socios y una parte de entradas que se venden in situ. Su espacio está dentro del Centro Cívico Sandaru, antigua fábrica de refrescos, y por seguir con dichos antiguos, ofrecen un flamenco de altísima calidad sin dar tres cuartos al pregonero ni bajar nunca el listón. Se ven obligados a reprogramar continuamente pero ahí siguen abiertos al flamenco clásico y a las propuestas más vanguardistas: cante, danza, conferencias… El Dorado brilla con luz propia.

Sala de El Dorado en modo Covid

No hay telón, pero hay mucha tela

Dejamos un poquito de lado la música para centrarnos en una oferta teatral diferente y atrevida. No son edificios singulares ni escenarios convencionales pero la musa Talía y sus aliados se reúnen con sumos gusto en espacios que parecen más bien un loft o un viejo desván.

Emblemático corazón en la calle Gifré donde se ubica la sala El Almazen

Desde hace más de 20 años, Barcelona cuenta con una de las salas más peculiares del mundo clown El Almazen. Pero con anterioridad, en 1998, la ya fue sede de la Asociación Cultural La Ciutat de Les Paraules “a partir del proyecto que, con el mismo nombre, convirtió el Raval en un poema visual transitable, creado por artistas y vecinos”.Macarena González y Mar Ortega regentan este lugar mágico que ofrece las actuaciones de los mejores clowns de Cataluña, España y del mundo entre quintos de cerveza y boles de palomitas de maíz. En su escenario se dan cita: la Magia, el Clown, los Cuentos, el Burlesque, los monologuistas, poetas, cantantes, músicos, malabaristas y otros artistas de la pista”. Como ellas mismas lo definen, el Almazen es “Un circo de bolsillo entre paredes de piedra, domadoras de palabras salvajes, acróbatas de las sorpresas y otras increíbles criaturas en un espectáculo que no podrás olvidar”. (Inolvidables han sido las actuaciones aquí de los grandes amigos Cristi Garbo, Ricardo Cornelius Jr., Claudia Cantone y Jango Edwards).

Bar y terraza – jardín del Antic Teatre

La Nau pertenece a una red iberoamericana de espacios escénicos y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento y la Generalitat de Catalunya. Y nos hemos de alegrar por ello, pero, sin querer establecer comparaciones odiosas, es de justicia decir que en la ciudad se dan otros casos son menos felices. Así sucede con el espacio polivalente del Antic Teatre al que tampoco le faltan apoyos oficiales, patrocinadores y colaboradores, pero en cuya web, tristemente, se puede leer “Antic Teatre cumplió 17 años en medio de una emergencia sociosanitaria que se suma a la crisis económica y de perdurabilidad del proyecto. Desde que se decretó el estado de alarma y hasta la fecha de finalización prevista, el bar cerró y la sala suspendió cerca de una veintena de eventos. La propiedad del inmueble ha comunicado oficialmente que no renovará el contrato”.

El Antic Teatre, es un Centro Cultural y Social situado en un edificio de 1650 (incluido en el Catálogo del Patrimonio Arquitectónico e Histórico-Artístico de la Ciudad de Barcelona desde 1979). Cercano a la Catedral, el Mercado de Santa Caterina y el Palau de la Música, en el centro de Barcelona, es una bella construcción con un jardín singular y mucha, mucha historia enterrada entre sus piedras. Son complejos los conflictos que amenazan al centro, no los enumeraremos mejor que en este artículo de marzo de 2020; pero sí diremos que pocos proyectos parecidos cuentan con un palmarés de premios y reconocimientos tan amplio como el del Antic Teatre.

El barrio de Gracia se ha enriquecido con la iniciativa de uno de sus vecinos más “inquieto”, el actor Pau Roca que recientemente acaba de abrir las acristaladas puertas de La Muriel. Un local carismático para representar y recitar, para la danza o la música, pero también para ensayar, para crear, para exponer… que alberga además de las oficinas de Sixto Paz, la compañía teatral de Pau, y un espacio de coworking, una oferta gastronómica con uno de los socios de esta aventura, la marisquería Llurito. Tomarse un café o conectarse a internet también son opciones, pero con toda probabilidad, La Muriel acabará por seduciros con una de las muchas propuestas de este auténtico vivero cultural.

 Y finalmente, no podemos ir de teatro sin pasar por dos lugares que representan todo aquello que las artes escénicas persiguen desde sus inicios: sorprender y entretener. El teatro de La Gleva y el Teatre Akadèmia han sabido, en tiempos de crisis, atraer al público arrancándolo de las “garras” de espectáculos más mediáticos. Con Júlia Simó y David Sardà al frente y con partners tan maravillosos como el actor Mario Gas o el promotor Albert de la Torre, La Gleva abre sus puertas de antigua carbonería a las creatividades más locas, a los ensayos más necesarios, a grabaciones, conferencias y todo lo que requiera un escenario flexible y a medida. Lo mismo sucede en la Akadèmia que se atreve a programar obras nacionales e internacionales rompedoras, pura vanguardia en la zona alta de Barcelona. ¿Quién da más?

Quédate en casa

Lo que ha sido una de las principales recomendaciones durante la pandemia y hashtag #yomequedoen casa es algo que en Las cosas de Martínez llevan practicando con asiduidad desde que en 2014 la periodista y escritora Inés García-Albí abriese una tienda /taller en el barrio de Gracia, calle Diluvi esquina Martínez de la Rosa, donde tenían lugar recitales y exposiciones varias. Más tarde utilizó su residencia muy cercana a ese punto para organizar, en colaboración con su pareja el biólogo y pintor Marcos Isamat, cenas y otros vernissages. Espacio con pedigrí (antigua fábrica de pianos) que han acondicionado para poder ofrecer los espectáculos de su “cartera” de artistas sin salir de casa. La actriz Patricia Jacas, el dúo Marta y Micó, el grupo Lo Jondo Ibérico, la cantante Silvia Comes… son algunos de los sospechosos habituales de sus encuentros que suelen coronarse con una degustación gastronómica tan memorable como la actuación. Y no se quedan ahí… organizan talleres literarios temáticos alrededor de un libro o una ciudad y en cuanto puedan seguirán organizando viajes culturales… Un lujo cosmopolita con aires de andar por casa.

Así os recibirán: “La Factoría cultural Martínez es humanista y tiene como objetivo que la cultura y el aprendizaje se convierta en una manera de vivir la vida. Pasen y disfruten.”

Algo se cuece siempre en la casa de Inés García-Albí y Marcos Isamat

En el mismo barrio de Gracia, muy cerca de los Martínez, tuvo otro oasis musical doméstico Ana Luisa Islas con sus conciertos privados bajo el epígrafe de Artist’s Residence Barcelona Sant Pau. Actuaciones de alto nivel de amigos para amigos que, por el momento, han quedao suspendidas pero que esperamos volver a disfrutar en cualquier bello patio o terraza singular.

Actuación en Terrats de Cultura

Imposible hablar de terrazas, terrados y otras atalayas sin mencionar el ciclo Coincidencies de Terrats de Cultura que desde hace varios años okupa legal y puntualmente los escenarios más altos de la ciudad para ofrecer música, danza y teatro.

Aunque te hemos sugerido quedarte en casa aprovechando los sótanos, los patios y los terrados de estos lugares singulares, permitidnos que, con las debidas medidas de seguridad, os hablemos también una salida a la calle muy insólita en esta pandemia. Pero es que el espíritu de Clarence Bekker Band uno de los artistazos más carismáticos del movimiento musical e intercultural Playing for Change. Clarence y su banda habitual (entre ellos el gran Francisco Guisado Rubio y Carlos López) se lanzaron a la calle en las pasadas fiestas para ofrecer inesperados miniconciertos en los jardines al aire libre del conocido recinto teatral del Grec.  La alegría navideña le salió un poco cara por la intervención uno de los días de la, digamos, autoridad municipal competente, pero a Clarence le compensa el buen rollo repartido entre el público.

De cómo no solo de música viva el hombre

También juegan en casa y ganan los artífices de uno de los videoclubs más emblemáticos de Barcelona: Video Instant. Aurora Depares hereda de sus padres, Jenaro Depares y Aurora Martínez, el establecimiento fundado en 1980 en la calle Comercio de Barcelona. Por sus estanterías ha pasado los mejores, por no decir todos los títulos en VHS o DVD.

Tiempos difíciles para los videoclubs. En palabras de la propia Aurora: “La piratería que afecta a la cultura audiovisual y que se distribuye en Internet nos está haciendo mella, año tras año desde hace ya demasiado tiempo. Es una lucha donde nos encontramos solos, sin ningún apoyo tangible por parte de la ley. Además, hay una gran oferta de plataformas de alquiler online. Nuestras armas para seguir aquí son nuestra profesionalidad, y las 45000 referencias ya que para tener acceso a tanto cine serian necesario ser de todas las plataformas que existen”.

En la actualidad, siguen alquilando y vendiendo las joyas del sétimo arte, pero con una cafetería y una pequeña sala de proyección adicionales que pueden hacer las delicias de públicos reducidos para celebrar pases privados, fiestas de aniversario, presentaciones y cualquier evento que necesiten luz, cámara y acción.

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Cooperativa Zumzeig, cine y mucho más

Cooperativa Zumzeig, cine y mucho más

Todo queda en casa o por lo menos todo queda en el barrio como sucede con la cooperativa Zumzeig. Esteban Bernatas Chassaigne, activista cultural y amante del cine, la fundó en octubre de 2013 en compañía de Guillaume Mariès y David Dorado. Y se han puesto manos a la obra desde 2013 para enriquecer la oferta cultural de barrio Sants-Montjuïc, de larga tradición cooperativista, con proyecciones de cine tipo arte y ensayo o encuentros alrededor de una temática que siempre está en la calle o cerca. El espacio puede alquilarse fuera de las horas propias de programación y cuenta con el Bistrot, delicioso bar de tertulias y microespectáculos. Cultura de proximidad como hace tiempo no se había visto. https://www.zumzeigcine.coop/

Leer a compás

On the Road, muy cerca del Palau de la Música, es una pequeña librería devota de la Beat Generation y de Charles Bukowski, regentada por un librero vocacional y pasional como Ángel Tejerín que te organiza presentaciones y saraos de todo tipo sin despeinarse. A pesar de estar amenazada de cierre varias veces la On the road sigue su periplo con el apoyo de sus clientes fieles.

Documenta, Laie, Taifa, La Caníbal, +Bernat, Casa Usher, Pròleg, La Central, Finestres, La Carbonera, Berkana, La SomNegra, La Inexplicable, La Byron, Lata Peinada, Ona, La Tribu, Librería Italiana Le Nuvole, La Memòria, La Panafricana, Tòmiris, Antinous, La Comunal,  una cooperativa de barrio con la librería La ciutat invisible … muchas librerías de la ciudad, nuevas o veteranas, ponen su grano de arena dando multifuncionalidad a sus locales como mini salas de eventos que cohesionan la vida de barrio y ofrecen alternativa de ocio y cultura sin complejos ante la combinación de ambos conceptos.

Destacamos por su actividad incesante las dos sedes de nollegiu pilotadas por el incombustible Xavier Vidal, que ofrece presentaciones, cursos y pequeñas actuaciones y también tiene conexión directa con una de las mejores coctelerías de Barcelona, la Balius . En este local, antigua droguería del barrio de Poblenou, los conciertos en pequeño formato hacen las delicias de los clientes con su Manhattam o su Negroni en mano. Y cuidado con visitar el barrio sin pasarse por Ultra-Local Record, la tienda de discos en la que podéis llevaros algún directo inesperado de propina.

Multiespacio en la llibrería nollegiu  que ocupa el antiguo local de una boutique de los 70 en el barrio del Poblenou

El Mercado dominical de libros de Sant Antoni debería hacer sido una opción lógica a la necesidad de no permanecer en espacios cerrados. Pero los paradistas de libros, cómics, revistas, carteles y cromos han vivido momentos de fugaz apertura tras el confinamiento de la primavera del 2020. Las ordenanzas van permitiendo su apertura de forma un tanto errática lo que resiente el negocio y quita las ganas. Algunas paradas cuentan con establecimiento propio como es el caso de L’Illa del Tresor con una librería física en Premià de Mar, localidad costera cercana a Barcelona, que sorprendió en el mes de septiembre pasado organizando “Atlas Mnemosyne Walter Benjamin” una muestra bibliográfica y ciclo de conferencias dedicadas al ensayista Walter Benjamín, todo un éxito a pesar de las dificultades del momento.

Espacio para amantes de los libros, coleccionistas de bellezas y rarezas, melómanos… isla de la calma.

Espacios con y sin paredes, pero siempre con alma, pensados para romper las barreras entre los creadores y el público, facilitando que el arte fluya en libertad. Locales que consiguen que la ciudad sea un poco más humana, que esté un poco más viva, a pesar de los pesares, a pesar de los políticos, de la crisis, del virus… Como público tenemos la suerte de poder disfrutar de estas maneras alternativas de producir y consumir música, teatro, danza, … y, en cierta forma, también tenemos el deber o la responsabilidad de apoyar estos proyectos para que puedan seguir adelante de la forma más independiente posible. Por una cultura asequible sin que signifique arrebatar el valor que todo profesional merece.

Pepi Bauló