Salones, tertulias, charlas… literarias ¿dónde?

Esta que vemos aquí es Doña Amalia del Llano, (1821-1874) convertida al matrimoniar con el primer conde del título, en Condesa de Vilches. Federido de Madrazo la inmortalizó de esta gusisa en 1853 en pleno apogeo de su belleza y talento, talento que la convirtió en figura destacada de la vida cultural del Madrid de su tiempo. Escribió y publicó varias novelas.
Yo me pregunto, como habéis podido leer en el título, dónde ha ido a parar la tradición de las tertulias y salones literarios. Salón literario que debió nacer allá por las reuniones de trovadores, o muchos antes en los patios de las academias griegas, pero que no es hasta el Siglo Ilustrado que conoce su esplendor. Aunque necesarias y también escasas, no me valen las televisivas o radiofónicas. Me refiero al grupo de amigos o conocidos reunidos por el mero placer de conversar, a veces discutir, mejor cuanto más vehementemente, sobre literatura. Yo hace muchos años participaba en una tertulia, no netamente literaria he de decir, pero muchas veces eran los libros y sus escritores el objeto de nuestras críticas, y también, por qué no decirlo, cotilleos. Una reputación literaria se forja con algo más de unos papeles impresos. Hay una actitud ante la vida, una manera de vivir el tiempo que le es dado a uno, que también forma parte de la literatura. Muchos puristas opinan que no, yo lo opino cuando voy de purista o sea nunca o casi nunca. Se hablara de lo que se hablara, lo cierto es que no faltaban las copas, los cafés… a veces las cenas. Entonces lo leído era discutido y el placer, o el disgusto que de todo había, aumentaba, la obra, sus personajes, sus temas, su autor mismo, seguían desplegándose y creciendo, por unos momentos, fuera del papel y después, placidamente, regresaban a descansar en él. Hacer vivir las letras colectivamente, celebrar rituales con lo escrito. Me encantaría que alguien me dijese: ¿Quedamos para una copa y te leo mis poemas?
Me cuentan que en alguna ciudad de provincias se sigue con ello. ¿En qué provincia? Barcelona, mi ciudad, también es una ciudad de provincias, de la provincia de… Barcelona. Ya ves.
En resumidas cuentas ¿do fueron los literarios salones? He ido varias veces al Café de Gijón y no veo a nadie en ese plan, ni siquiera a letraheridos. Será que no acerté el día, será que no acerté la época.
Pina Bausch: sin suelo bajo sus pies
No me gusta escribir necrológicas. Así que esto no lo va a ser aunque la triste noticia de su defunción sea la que me haya dado excusa para hablar de una bailarina llamada Pina Bausch. Para mi desgracia no he visto en directo a todos los bailarines a los que admiro. Para mi suerte, a ella sí. Y al verla sentí, ademá de un privilegio, una emoción parecida al encuentro. En mi adolescencia pasaba las horas muertas dibujando cuerpos humanos en las más diversas actitudes. La mayoría estaban bailando. En la figura de ella, tan dura y tan transparente a la vez, rompiéndose una y otra vez en las dimensiones, creo que reconocí alguno de los anhelos que yo trataba de atrapar en aquellos dibujos. Era la bailarina nómada. La que podía interpretar todas las danzas, todos los estilos, de todas las épocas y todos los lugares. Sus huesos se ensamblaban perfectamente para ser la representación de cualquier frase musical. Y después sus miembros desaparecían, caminaban hacia otros territorios para seguir bailando allí. Creo que casi podía danzar en nombre de todos los hombres y las mujeres, en nombre de sus gloriosos momentos, de sus miserias. Creo que hasta supo coreografiar el silencio, la herida y la nada; pero no quisiera asegurarlo para que mi vehemencia no os haga dudar de mis palabras.
Dicen que es la artífice del teatro-danza. No lo sé. Pero ella le dio más espacio al espacio, más expresión mental a la expresión corporal de los sonidos, más danza a la danza. Era como ver bailar a una idea. Una sensación que se escapa a ser explicada aunque yo esté aquí intentándolo.
Hace poco tuve la oportunidad de hablar con una bailarina y maestra española, Anna Maleras, que me impresionó vivamente con su manera de hablar de la danza. Me hablaba de la ridiculez del culto al yo, de la mirada al ombligo, de una danza hueca que sólo se alimenta de danza. A penas hablaba de su sentir, incluso me reprochó que le preguntará sobre su experiencia personal, su preocupación máxima era el llegar a hacer sentir a otros, al público, al alumno, trasladar el gozo del movimiento. Hacer vivir, despertar. Me pareció que quería decir que el bailarín casi desaparece, que sólo queda la danza.
Yo vi ese milagro en Pina Bausch. Ya sé que hablo de más pero lo diré de todos modos. Desaparece hasta la música. Se funde. Eso es lo que le lleva ganado el ballet contemporáneo al clásico. Sobrepasar el límite académico y estético, el virtuosismo y la narrativa. Llegar a la esencia, con descarnamiento, sin suelo bajo los pies.
No quiero hablar de dónde nació Pina, donde estudió, trabajó o dió clases, cuántos espectáculos protagonizó o creó, cuántas distinciones obtuvo y éxitos cosechó, cómo vivió o cómo murió… eso lo encontraréis en las necrológicas, en la wikipedia. Es posible que ahora mantengan silencio las voces críticas que no le perdonaron la humanización de la danza clásica. Lástima, ahora deberían entretenerse más que nunca en mostrarnos el recto camino. Sobre todo para no tomarlo nunca. Yo sólo quiero hablaros de bailarines que desaparecen en pleno movimiento, que se mueven en algún lugar del aire, que bailan un proceso sin principio ni final, el de vivir. Hablaros un poco de Pina Bausch que, tal vez, ayer murió.
Piérdete… con Toni Zenet por Los mares de China.
Empezó la caló, definitivamente. Llevaba yo una mala semana y estaba a punto de enfadarme con el mundo. Y encima, la caló. Pero hay cosas que me refrescan. La buena gente y la buena música que he descubierto en los últimos tiempos. Descubro parte de mis descubrimientos aunque reconozco que soy parsimoniosa. Voy a hablar de una voz que me viene sonando y seduciendo. Recientemente la escuchamos en la promoción de una serie de televisión. Felicito desde aquí al editor de esas imágenes de Anatomía de Grey que supo provocar la extrañeza y la ternura en pocos minutos con el tema Soñar contigo en versión de Toni Zenet. Su trabajo, en colaboración con el compositor y poeta Javier Laguna, Los mares de China es canela fina.
A finales de 2008, Lino Portela de El País lo definía con un coktail de referencias:
“No para ni a coger aliento. Sobre el escenario, el cantante Toni Zenet, de 41 años, mueve la cadera cual Elvis, los hombros y el sombrero como Michael Jackson y pone caras a lo Charlot. También maúlla como Sinatra con acento de Málaga, siente como Chavela Vargas y tienta al público con tanto poderío que ni Manolete.”
Explicaba también sus consabidos trabajitos para la supervivencia, sus pinitos en el cine y situaba su música entre la copla clásica y piano jazz. Yo añadiría tango y algo de son. Pero ahora te pediría, lector, que borrases de tu mente todo lo que te conté hasta esta línea. Poque sólo te conté lo que se cuenta de él. Si te hablo desde una de las vueltas de mi llave allen, te diré que Zenet no se parece a nadie. Agua limpita como dice la letra de una de sus canciones. Eso, hoy, es un milagro. Con 41 años, este malagueño puede mirar atrás y contemplar el camino que le ha llevado hasta aquí, y ver que no ha sido de rosas. Pero cómo me alegro, con perdón, que le haya costado ese poquito porque se nota. Se nota que de todo y todos aprendió y después supo olvidar tal como te pedí, lector, que hicieras tú.
Líbreme el cielo de presumir de aquello que carezco, un gran oído musical, pero creo que los temas de Los mares de China suenan con una calidad de quitarse el sombrero, prenda característica de Toni. Una banda excelente, excelentemente registrada. He sabido que estuvo en la ingeniería Saúl Santolaria y veo ahí asomar uno de los ases en la manga de Zenet. El sonido vivo y aterciopelado a un tiempo para un disco avalado, además, por un sello que vuelve a innvitar a desnudarnos el cráneo; El Volcán Música, y merece un post a parte por el plantel de artista que representa: Albert Pla, Josele Santiago, Los Delinqüentes, Adanowsky… entre otros.
Hasta aquí, lector. Sólo resta dejarte con una muestra de la factura Zenet. Dios guarde muchos años a Youtube. Un aúltima cosa: Zenet no, no hace flamenco fusión ¿vale?
pd: Las letras son un regalo: Causas perdidas, un regalazo. ¡Ah! Imposible no reparar en la voz femenina de Agua de levante: Kamala.
¿Crees que soy sexy?
“El sex appeal está sobrevalorado. A mí me interesa más la amabilidad, no hay nada más sexy que la amabilidad”
Chrissie Hynde (entrevista El País, 08/06/09)

Y el humor y el entusiasmo, añado, son terriblemente sexys para mí. La cantante de Pretenders me ha parecido siempre una mujer con mucho sex appeal. Su belleza no canónica, su discurso firme, la dureza de su pose son parte de sus encantos adivinados, que suelen ser los mejores de los encantos. Ayer, en un conocido concurso televisivo de jóvenes aspirantes a producto discográfico, presencié como profesores, jurado y público celebraban como sexys posturas archiconocidas: ondular las caderas sacando culete, guiñar el ojo levantando un hombro, hacer pucheros y deslizar las manos por el torax en sentido descendente hacia el abdomen y más allá. Uy sí, qué sexy. Bostezo solo de recordarlo. Mujeres y hombres llevamos siglos siendo víctimas de pactadas estrategias de seducción que van desde el lunar estratégico al largo de los dobladillos, del grosor de los labios a la ropa interiror asomando por la cintura del pantalón. Sensualidades de manual, tácticas a las que no me opongo porque es una tontería oponerse a eso. Un juego que hasta puede ser divertido que sin embargo, mal jugado, lleva a sus desprevenidos consumidores a la esclavitud de lo físico y a la frustración. Agranda tus ojos cuando veas a los megasexys chicos y chicas que se pasean por nuestras vidas, pero no sólo para verlos mejor como el lobo de Caperucita, sinó para darte cuenta que te están vendiendo algo que no siempre deseas comprar. Y no me refiero sólo a un coche o un perfume. Ojalá fuera así de inocente.
En un mundo atiborrado de papel couché y pantallas de todo tipo lo sexy es moneda continua de cambio, merchandising, propaganda … pero al final, y lo digo con infinita tristeza, moneda que acaba apareciendo en las transacciones personales, en el modo de proyectar cada cual su identidad y relacionarse en lo público y lo privado. Los prototipos de lo sexy y lo bello reinan sobre todo lo demás y acaban dejando a su paso un halo de frialdad, cansancio y deseos insatisfechos, entre quienes no superan la prueba de vasallaje porque no saben, porque no pueden, poque no quieren. Lo sexy es la versión abreviada y express de lo sensual y lo atractivo. Como no tenemos tiempo de conocernos voy a humedecerme los labios y a sacar pecho tal como aprendí en la televisión para que rápidamente, si te gusta lo que ves, pasemos por caja tú y yo. Y sino te gusta ya hemos ganado tiempo para ir a por otro objeto de nuestros deseos.
En caso de responder a los prototipos de bellezón al uso, que ya les avanzo yo que no, que no respondo, jamás podría ser sexy porque soy lenta. Lenta de aburrir. Yo a la bestia casi siempre la mando callar. No quiero que me moleste mientras estoy pensando en lo que me gusta. Por lo mismo, la sexsimbología que me rodea me puede divertir pero nunca seducir. Prefiero a un/una pornostar que a un/una supermodelo. Entre los primeros hay menos engaño y he encontrado más de un ejemplo de autoironía magistral. Ay, sí, lo reconozco, en este mundo de la e-videncia mis gustos no van a ninguna parte. Mejor, mis deseos y yo nos quedaremos tranquilitos en casa.

He comenzado con una cantante ya entrada en años y acabo pensando en una actriz más que entrada, inmersa en años: Liz Taylor. El cine y los estereotipos de la sexualidad merecen post, artículo, libro a parte. ¿Creen que Liz Taylor es una mujer sexy? ¿O piensan mejor en Marilyn Monroe? No importa, lo que me ha recordado Liz es una escena de La gata sobre el tejado de zinc caliente cuando, luchando por el amor de su marido, anuncia a la familia política un embarazo que resulta ser falso. Su suegro, fascinado por el coraje de la bella, exclama: “Esa chica lleva verdadera vida en su interior”. Sexy, sexy, sexy pero no ella (que también, si te gusta Liz Taylor) sinó la frase de un hombre viejo que ve acercarse el fin de su vigor y sus días en medio de un hogar destrozado por la mentira y la incomunicación. Sexy como sólo Tennessee Williams o William Faulkner podrían serlo en los largos y cálidos veranos emocionales de Mississippi o Missouri. La vida, el coraje, el entusiasmo, la risa y la amabilidad me parecen, definitivamente, sexys.
Kiko Veneno o antídotos contra la palabrería
de vez en cuando te invita y te convida
te canta y te lava la herida
y te da satisfacción
no le pidas más.
Bendita primavera que viene alterando la sangre de un público hambriento de música sin aditivos ni conservantes. Sin música no puedo respirar y suena a mi alrededor a todas horas, saliendo de todas partes y no suelo preguntarle de dónde viene pero últimamente tengo loca la cabeza con el tema de la piratería. Que si es un delito, que si el delito es el precio que se cobraba por un CD, que si con las copias y descargas ilegales le quitamos el pan a mucha gente, que si las multinacionales esclavizan al artista, que la carrera de un artista es cara y hay que invertir en ella, que si el canón, que la SGAE, que … ¡un poquito de por favor! Me gusta a mí que en medio de tanta polémica bizantina existan artistas como Santiago Auserón o Kiko Veneno que tengan a bien callar y trabajar. Apostar por algo tan simple, valiente sí, pero simple, como lanzarse al ruedo con sus nuevos temas sin haberlos grabado todavía. No sé si es la solución pero es una manera de sobreponerse al coro de plañideras y buscar otras fórmulas de difundir la creación artística lo mejor y lo más ampliamente posible. Basta de palabrería: el modelo utilizado hasta hoy se rompió y hay que volver a pensar una manera más justa para todos de remuneración para el autor, para los trabajadores del sector y para el público final. Auserón, Veneno, otros artistas o sellos independientes en Myspace o a través de sus webs están buscando caminos hacia ese público y ese público acabará respondiendo.
Corría agosto de 1832 y un periodista que atendía por Mariano José de Larra salía a pasear por Madrid para observar al personal y tratar de hacerse un retrato cabal sobre quiénes eran sus potenciales lectores. No llegó el amigo Larra a conclusiones demasiado halagüeñas en su artículo ¿Quién es el público y dónde se encuentra? pero nadie podrá decir que no lo intentase y, cómo mínimo, el intento marcó un hito en el periodismo moderno. No tenemos nosotros que conformarnos con menos. Artistas y público andamos buscándonos, persiguiendo ocasiones de encuentro, espacios nuevos. Yo grabo y borro, pago por descargas, mis amigos me copian temas, copio temas a mis amigos, compro CD y a veces repito con la edición especial con DVD y lo que venga. Si me gusta el artista y puedo desparramo mis monises sin avaricia, si sucede al contario cato pero no abundo. Es sencillo. Soy público, me buscan y busco.
Nunca el hombre tuvo a su alcance tantos medios para experimentar con la producción de sus manos y su intelecto. Si aceptamos que la tecnología a avanzado de una manera vertiginosa ¿por que aferrarnos a seguir los mismos modelos de distribución, intercambio y negocio que hace cincuenta años? Sé que para algunos es dicifícil acostumbrarse a que unos cientos ganen miles y preferían los tiempos en que unos pocos ganaban millones. Lástima pero los tiempos cambian (ojalá); la vida es dura (para todos; ese tendría que ser el principio de la igualdad) y eso me gusta a mí y no le pido más.
Así que: Kiko Veneno en concierto, NO en disco. Tranquilo el respetable que no será conejillo de indias. Este andaluz de Girona, tiene arte hasta en sus orígenes, dice de sus canciones “Ya están bastante probadas, ahora quiero disfrutarlas. Quiero también ‘obligar’ a la gente a escuchar estas canciones que no conoce. Al principio se rebelan pero a partir de la tercera se relajan.” Es tremendo, confiesa, como al final se arranca el público a tararear el estribillo. ¡Ah! digo yo que tiene que ser un gustazo saber que no lo hacen por tener la letra machacada en el cerebro porque cierta discográfica compra ciertos espacios a ciertas emisoras de radio. Dicho sea con todo mi respeto a las gentes honestas de discográficas y radios de este país, que haberlas haylas.
Hierven ya las calles
listo el escenario
en los sótanos se entrenan
superhéroes de barrio.
La guerra absoluta
Goya /Clausewitz. Paradigmas de la guerra absoluta.
Nil Santiáñez-Tió (Alpha Decay, Barcelona, 2009)

Si se realiza con un mínimo de seriedad, reseñar libros no es tarea fácil en ningún caso; reseñar el de un amigo podría convertirse en ingrata pero sí y sólo sí el libro no mereciera la pena y uno tuviera que mentir. Así sucede con cualquier libro así que discúlpenme el silogismo y tómenlo como la enrevesada manera de informarles de que conozco al autor de este volumen y no pienso mentir.
Probado investigador en el ámbito de la literatura española contemporánea y en la actualidad profesor de la Saint Louis University, Nil Santiáñez aborda en esta ocasión terrenos colindantes pero distintos: arte, historia y, en cierta medida, filosofía. No es la primera vez que le vemos transitar la diversidad y trabajar con un método cercano a la literatura comparada o transversal. Su obra más ambiciosa, Investigaciones literarias. Modernidad, historia de la literatura y modernismos (Crítica, 2002) condensa este estilo pluridisciplinar, mientras que trabajos como el prólogo a la novela de Ramón J. Sender Imán (Crítica, 2006) y su artículo “Tropologías de la violencia: escritura topográfica e imaginario nacionalista en la literatura colonial española (1860-1939)” (Congreso Internacional Miradas sobre España, Valencia, 2007) apuntan su interés en el tema de la guerra en el devenir de la Historia española. Esta vez el objeto de su análisis es el concepto de guerra radicalmente trastocado tras las Guerras Napoleónicas.

El militar y ensayista prusiano Carl von Clausewitz y el pintor español Francisco de Goya, contemporáneos del conflicto, han sido tomados como intérpretes de excepción de ese jinete del Apocalipsis que galopa hasta nuestros días de forma constante pero mudado el rostro y las maneras. La pluma y el pincel plasmaron, por un lado, las nuevas geometrías de la actividad bélica con proyección mundial y, por otro, una nueva plástica local de sus horrores. Clausewitz, autor entre otros del fundamental tratado De la guerra, defendió lo político como la justificación racional de las guerras y dividió en dos sus motores: el odio visceral que correspondía al pueblo llano y la mente calculadora que identificaba con las tácticas militares. Mientras, el genio plástico de Goya utilizaba la guerra del arte ilustrando, y al mismo tiempo oponiéndose, al arte de la guerra, reflejando la crueldad y la barbarie, denunciando sin alegoría “su desastre” crudo en un no-lugar y no-tiempo que son todos los lugares y todos los tiempos, la desterritorialización del acto bélico. En su pintura, el aragonés anunciaba el destino del arte moderno, distorsionador y rupturista, que ya raras veces volvería a congraciarnos con el mundo.
Que una guerra absoluta, de gramática perfecta, culminada por una victoria sin fisuras fuera el aval para una paz duradera era el ideal de Clausewitz y, en mi opinión, el escalofriante falso objetivo perseguido por las superpotencias mundiales en el siglo XX. Los derroteros de la centuria presente parecen ser otros, tal vez mucho más cercanos al paradigma goyesco, pero no éste el lugar para pronunciarnos personalmente en esa disquisición.
Conviene más atender a cómo el importante ejercicio analítico de Santiáñez, inédito en sí mismo y por eso mismo más valioso, remata en una serie de conclusiones que acercan al sentido nuclear de la reflexión a cualquiera de los lectores; pero en especial a aquellos que hayan podido sentirse algo desarmados por el discurso inicial de fuerte componente académica. Lo esencial, en mi opinión y como fugaz y modesta investigadora del tema en la poesía del siglo XVIII y en las crónicas del XIX, del ensayo que nos ocupa es comprender cómo en alguna coordenada espacio-temporal de la Europa de entre los siglos Ilustrado e Industrial, se rompió el paradigma de guerra clásica y se construyeron las bases de nuevos paradigmas que nos llevan a la guerra absoluta o global. Paradigmas que llevan asociados los términos guerrilla, terrorismo, resistencia organizada y otros brotes de violencia opuestos a la idea del ejército como una máquina definitiva y total. Ambos paradigmas, como señala Santiáñez, abocados a la modernidad, al “vanguardismo” en su doble sentido militar y estético.
Para una actualidad geopolítica como la que nos ha tocado vivir, las seis o siete páginas finales, acompañadas de diversas ilustraciones aludidas en el transcurso del ensayo, hubieran sido en su sustanciosa brevedad motivo más que suficiente para recomendar la lectura de Goya/Clausewitz. Paradigmas de la guerra absoluta.

El plumero de Risto
Holaaaa. ¿Qué tal? ¿Cómo llevamos la semanita? Bien, porque es corta y se hace ligera ¿verdad? Pues hablemos de cosas ligeras para no desentonar. Hablemos de pluma: la que se le ve a muchos de los protagonistas de la televisión de nuestras entretelas. Hablemos de OT, hablemos de Risto Mejide.

Risto, muy en serio.
Hoy un colega de profesión merece parte (toda es demasiado) de mi conmiseración cuando antes había merecido parte de mi consideración. Me refiero, ya lo ven en la foto, a Risto Mejide, creativo publicitario, promotor musical, alias Opinólogo Gruñón. Tras sus primeras apariciones identifiqué su figura como símbolo de autocrítica de un programa hecha desde el propio programa. Era el Follonero de Buenafuente en plan cool. No estaba mal, los genios de entretenimiento se daban cuenta de que tener al enemigo en casa daba más verosimilitud al tinglado y te cubría las espaldas. Y Risto es un buen producto, está bien pensado. Mi voz no se oiría por débil y poco proyectada, pero dije cosas muy buenas de su libro, Pensamiento Negativo, y sus Hartículos en ADN. No se le podrá negar que habla fluido, con vocabulario abundante y no sólo sabe lo que es la ironía sino que la maneja sin esfuerzo aparente.
Su participación en el lanzamiento de Labuat, el primer disco de la ganadora de OT 2008, me dejó perpleja. Vi la rueda de prensa en la que, displicente, se dejó motejar de presunto novio de Virginia y contó no sé que historia sobre canciones escritas por él, antaño, que habían encontrado en la muchacha azul a su intérprete ideal, hogaño. Tremendo. ¿Se metía en semenjante pastelazo porque añoraba su etapa de promotor musical? Su aparición como primer invitado de Sardá en La Tribu (9,2% , Milá huyendo y todavía en antena: Javier será verdad que tú lo vales) me dejo muy perpleja. Se enfrentaron tipo gallito joven y rey del corral pretendiendo que pareciera un salirse del guión (¿¡qué guión, por cierto!?). Y ayer, en OT, se presentó ya comenzado el programa pretendiendo que, hasta última hora, había puesto condiciones a su participación y prolongando la pretendida discusión con el angelical Jesús Vázquez. Hiperperpleja. ¿No es mucho pretender?¿No es esto un plumero de falsedades que no lo gastan ni todas la vedettes del Folies juntas? Evidente ¿no? Pues no, hay quien con los ojos abiertos de par en par flipaba ante tanta osadía televisiva.
A pesar de la ligereza del día y de la pluma, el asunto es más serio de lo que parece y no porque Risto no se ría nunca. De lo que se trata es del tema de la credibilidad en los medios. Puede alegarse que desde un principio quedó claro que Risto interpretaba a un personaje. Pero es que no quedó claro en absoluto para la gran mayoría de telespectadores. Y empiezo a pensar que para Mejide existe el riesgo de que los límites se desdibujen. De ahí mi conmiseración o lastimilla que, proclamo, no nace de sentimiento alguno de superioridad, quita, quita, sinó de la intuición de peligrosas debacles en lo profesional. Sólo su entorno más cercano, los clientes de su agencia, sus familiares y amigos podrían sacarnos de la duda. Pero tampoco se trata de focalizarlo en su persona. Su caso no me sirve sinó como ejemplo de personas-personaje a través de las cuales se está manejando la opinión pública en muchos y muy variados asuntos que van de la música a la política pasando por la economía o el derecho. El papel de Risto como falso out-sider es, a mi modo de ver, de una ambiguedad social peligrosa y personalmente ingrato … pero, claro, alguien tiene que hacer el trabajo sucio o, lo que es mejor, si lo pagan bien… si tú no lo haces lo hará otro.
Empezamos ligeros y hemos acabado cínicos. Genial.
Pd: Próximamente me encantará hablar del respeto a la música y Ramoncín. Aquí no cabían más plumeros.
El secreto de Juan Marsé o porqué no estoy muy contenta

No sé qué me pasa desde que conozco la noticia de que Juan Marsé es el nuevo Premio Cervantes. Desde el día que se hizo pública hasta el momento en que pronunció su discurso de aceptación, un sentimiento agridulce se han ido apoderando de mi ánimo. Yo leo a Marsé desde que tengo uso de razón literaria. Lo he leído todo. Le conocí un día cuando yo era estudiante y, junto con el profesor que lo había invitado a dar una conferencia en la Universidad Autónoma de Barcelona, fuimos a recogerle para llevarle a comer y a la facultad. Por aquel entonces estaba escribiendo o acababa de escribir Rabos de lagartija y nos explicó cosas de la novela, anécdotas personales, recuerdos… Disfruté aquel encuentro breve y me fijé en cada detalle como si leyera una de sus novelas; pero lo que más grabado me quedó fue su descripción de cómo se prepara una buena escalibada. Eso, junto a varias de sus aventis y sus personajes (en especial su Juan Faneca) ya quedaban para mi disfrute privado y para siempre jamás.
Pero los últimos acontecimientos han venido a perturbar ese recuerdo y, si se me permite, me han producido un disgusto cuyas causas quisera intentar averiguar escribiéndolas aquí. Nada que decir de la imagen de un Marsé maduro, serio, tranquilo y familiar que ha protagonizado la ceremonia de entrega del Cervantes. Enhorabuenas doy y celebro el reconomiento. No comparto al cien por cien algunas de las ideas expresadas por el escritor en su discurso, pero que le admire no quiere decir que coincida plenamente en sus opiniones. Punto y a parte.
Tal vez el problema esté en los reconocedores de Marsé. Me han molestado sobremanera las declaraciones de casi todos. Me repatea el hígado crítico el apropiamiento de su figura que exhiben unos y otros. Como en unas elecciones generales aquí parece que hayan ganado todos, oiga. Y no se me venga con aquello de que gana la cultura y con la cultura ganamos todos, etc., etc., etc. A nadie le ha parecido mal el Premio, albricias. No digo que no pueda ser pero lo pongo en duda. O pongo en duda eso o pongo en duda mi memoria que recuerda las veces que escuchó decir o leyó que Juan Marsé podía idear buenas historias pero carecía de un estilo depurado para escribirlas. Pero hay que ir más allá.
El problema del idioma (un escritor que vive en Cataluña y publica en castellano) y el asunto de la clase social (un presunto escritor obrero en la gauche divine catalana de los 60’s – 70’s) son dos piedras de toque que, desde antaño, determinan en gran medida el perfil de Juan Marsé. Héte aquí que ahora cada cual ha zanjado la cuestión a su antojo sin parar mientes en cómo lo explica el propio Marsé. Me detengo para hacer observar que es en este punto en el que discrepo ligeramente con el narrador pero eso, como dije antes y como es obvio, carece de importancia.
Juan Marsé premiado por su trayectoria en el mundo de las Letras españolas, un Presidente de Gobierno sin bigote, una mujer cineasta como Ministra de Cultura, una mujer periodista como Princesa de España, una sonriente familiar de Gil de Biedma como Presidenta de una Comunidad Autónoma en esta España nuestra de las Autonomías, … podría seguir explicando las excelentes circunstancias en las que se desarrolló el acto y debería saltar de alegría al tiempo que trato de mantener los dedos pegados al teclado del ordenador. Es decir, piruetas de gozo tendría de estar dando y, sin embargo, ¿por qué no estoy contenta? ¿Qué es lo que me sabe amargo? Como llevo tiempo un poco hartita de nuestra tendencia al contentadismo y de nuestra cachazuda manera de automaravillarnos de esta sociedad nuestra, nacida de una estupendísima Transición, pues me aferro a esto y lo dispongo como la causa principal de mi disgusto. Y así puedo empezar a acabar con este escrito y el lector puede pasar a mejores ocupaciones que la de leer este come come de dudas y recelos.
Lo que me consuela es que no todo está dicho, ni queda atado y bien atado, y que Juan Marsé tiene un secreto depositado en la caja 1533 del Instituto Cervantes. ¿Será la manera en como consiguió el respeto del mundillo cultural español? Me temo que ese no debe ir más allá de intentar la coherencia y perseverar en el trabajo diario. En abril de 2029 se abrirá la caja y, según aseguró el escritor entre burlas y veras, conoceremos el auténtico secreto de Marsé: cómo se prepara una buena escalibada.
El regreso de John Dog: Juan Perro de gira.
El pasado viernes 17 de abril, en la Sala Bikini de Barcelona, actuaba Santiago Auserón. Calorcito. Temperatura. Casi reunión de amigos. A fuera, la lluvia se obstina y amenaza con llevar su goteo reumático a todo el fin de semana. Pero la gente está contenta. El músico llega con su determinación del momento de subirse a un escenario, saludar y ponerse a tocar. Canciones nuevas de un regresado Juan Perro acompañado de tres enormes talentos cubanos: Norberto Rodríguez, Moisés Porro y Ronald Morán.

Juan Perro fotografiado por Isabel Camps el día de autos
Yo ya he perdido la cuenta de cuántas veces he hablado, virtual o presencial, de Santiago Auserón. La gente que me conoce sabe que soy obsesiva. Pero hasta yo reconozco que debería aflojar un poquito con el tema. Aviso: mientras siga habiendo conciertos como el de esa noche, imposible. Más allá de lo esencialmente musical, terreno en que los buenos lo reconocen como bueno entre los mejores, más allá del encanto personal, punto en el que las miradas rendidas de muchos y muchas no dejaban atisbo de duda, más allá del más acá, es decir, de que es un músico respetado y admirado, más allá está esa empatía eterna que domina mi opinión. A mi, mujer a un ordenador pegada, sólo me faltaba la peseta para el duro o, si lo prefieren, el céntimo para el euro: Auserón pulsaba la cuerda internaútica y, muchos días antes, había regalado a sus seguidores maquetas y pensamientos a través de una conocida red social. El trovador apoya un pie en la red de redes, rasguea la guitarra y pone la oreja para ver qué eco le trae el teclear de unos miles de seguidores. “Marketing” me dirá el avispado lector. Sí, claro. Del bueno, como pasa con el colesterol que ahora dicen los médicos que hay del bueno y del malo. Tú lees a Santiago Auserón, o le escuchas en sus contadas intervenciones mediáticas, y notas que no te dará gato por liebre sino perro-perro, sabueso de la música, trabajador del compás y de los versos. Son muchas horas de estudio detrás y no me refiero al estudio de sonido, que también, ni a sus estudios de Filosofía, que por supuesto. Me refiero al estudio al natural de la vida y sus manifestaciones. De cómo late, en lo que cuenta y canta, el sonido en los gestos de las gentes y de las cosas. Esta vez, el ejercicio de trasladar el espíritu new orleans al castellano es de una dificultad extrema, más creo yo, que lo de hermanar rock y son; más que lo de llevar a sus temas de siempre al terreno de la big band y el jazz. Casi que si no fuera por el aval de su presencia, muchos arrugarían la nariz ante la idea. Algunas voces protestaron ya con el experimento de las Malas Lenguas. A veces pienso que comercialmente funciona de puta madre el plagio encubierto, pero que trabajar las influencias y los mestizajes a pecho descubierto paga un peaje mucho más caro. En fin, yo le deseo a este perro fiel más vidas que las del taimado gato y que a mi me alcance la salud pa’ disfrutar sus ladridos.
Hablemos de lobos y piratas

Enfadados todos por la filtración en Internet de Wolverine, X-Men Origins. La FOX, la distribuidora, mi adoradísimo Hugh Jackman… todos. Hasta el FBI intervino locales y servidores en su caza y captura de los delinquentes. “Yo no estoy a favor de la piratería” pero el precio de los CD y de los DVD es abusivo. Esa es la frase más socorrida y escuchada a propósito del tema. Es una buena frase poque, además, evita decir si uno hace o no hace uso de los medios tecnológicos para conseguir su “dosis” o si es un “frecuentamantas”. Yo también me voy a ir por la tangente y no voy a hablar aquí de leyes, de González-Sinde (ya lo hice en el post anterior y ya vale de protagonismo), ni de la ley que rechazó recientemente el gobierno francés. Voy a recordar a un pirata. Se llamaba Russell W.Sprague y murió, a principios del año 2005, de un ataque al corazón en una cárcel americana mientras esperaba sentencia por un delito del que se había confesado culpable: pirateaba cintas de vídeo. Pero no cintas de vídeo cualquiera: en su mayor parte se trataba de pre-estrenos de mucho calibre. Un miembro de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de Hollywood, el actor Carmine Caridi, le había susmistrado valiosísimos screeners que es como se conoce a las copias que se pasan antes del estreno a los miembros de la subsodicha Academia. Mystic River, Master and Commander o El último Samurai habían sido “colgadas” en internet días antes de su estreno mundial por obra y gracia del señor Sprague y su compinche el actor Caridi. Sprague tenía 52 años y era electricista en Chicago, Caridi es un actor de 70 años conocido a lo sumo por su intervención como secundario en el film El Padrino II. La todopoderosa industria del cine les apretó las tuercas a ambos con importantes multas y en caso del Sprague con la cárcel y lo que hubiera surgido de la condena. Ahora si viene alguien y me pregunta que qué quiero decir con esta historia, que si estoy a favor de la piratería, que si esto, que si lo otro… le constestaré que, en principio, no. Pero ¿al final? Al final me parece una verdadea salvajada condenar a un hombre a la cárcel por piratear cintas de video. Lo siento, sé que es una estafa, sé que implica que su delito perjudique el trabajo de un montón de gente, sé que las leyes están para cumplirlas?!… lo sé. Pero hay algo desmesurado en todo esto, no me digan que no. No sé exactamente dónde está la desmesuara, el equívoco, el error… pero está en alguna parte. Tal vez en ese paraíso fiscal donde descansa el dinero de miles de delitos mayores, tal vez en esos lugares donde reposan víctimas de otros fraudes que implican muerte y destrucción. Sprague y Caridi no supieron hacer daño a lo grande, qué le vamos a hacer.


